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martes, 20 de agosto de 2024

Resistencia y Reconstrucción

Ésta no ha sido una de esas expediciones en las que nos hemos encontrado a niños con el horror de la guerra, la destrucción o el hambre reciente en sus miradas. Pero el conflicto, aunque el último enfrentamiento date de septiembre, está presente en sus vidas. Y eso lo notamos aún más cuando acudimos a los lugares cercanos a la frontera con Azerbaiyán.

En algunos de estos enclaves, a escasos centenares de metros de la frontera, la población, lejos de amilanarse, está construyendo nuevas casas en una muestra de resistencia. Esta resolución se refleja en las caras de los adultos y algunos jóvenes, pero no en las de los más pequeños, que nos reciben concentrados, expectantes y serios.

En seguida una chispa va iluminándoles los ojos y comienzan a reír y a reír hasta el final del espectáculo. Se ha producido la maravillosa alquimia de los payasos, la transformación de la tristeza en gozo. Y no hay moneda que mejor pueda recompensarnos. Después las mujeres (porque casi siempre son mujeres) que coordinan estos grupos de refugiados nos agasajan con café y dulces y agradecen de corazón nuestra presencia.

En este contexto, la payasa y los dos payasos que hemos venido a Armenia no podíamos fluir sino en un ambiente de buen rollo. Los días han transcurrido entre risas, amaneceres musicales, risas, ensayos, risas, resolución de contingencias, más risas...

José Luis "Pepo" Rueda




Durante la gira, se realizaron 20 espectáculos para 3366 personas y fue posible gracias a la coordinación con ACNUR Armenia y al apoyo del Ayuntamiento de Barcelona.



Participaron en esta gira los artistas voluntarios Ignacio "Nacho" Morán, José Luis "Pepo" Rueda y Angélica Veintimilla.


Gracias por leer nuestras aventuras en Armenia.

Ayúdanos a seguir compartiendo sonrisas en éste y otros muchos países.

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martes, 16 de julio de 2024

"Mamá, ¿ves? Santa no es real, pero los payasos sí." - Armenia 2024

Habíamos quedado el 3 de junio en el aeropuerto de Madrid, para embarcarnos en una expedición de Payasos Sin Fronteras. Una payasa, Angie, y dos payasos, Pepo y Nacho. 

Para Angie, era la primera vez. Un torbellino de nervios, curiosidad e ilusión hacía que sus ojos brillaran tratando de capturar cada instante como si fuera a ser el último.
Nuestro destino, Armenia. Un pequeño país montañoso, sin salida al mar, que está justo donde termina Europa Oriental y empieza Asia Occidental. Sus vecindades son Turquía al oeste, Georgia al norte, Azerbaiyán al este, y al sur, Irán y el enclave azerbaiyano de Najicheván. Esta antigua república soviética, con una lengua y alfabeto propio, se destacó por ser la primera nación en adoptar el cristianismo como religión oficial allá por el siglo IV.

Sin embargo, aunque alguna iglesia visitamos y alguna palabra armenia aprendimos, la razón de nuestra expedición era otra. Los enfrentamientos entre Azerbaiyán y la República de Artsaj en septiembre de 2023, obligó el exilio de más de 100.000 personas armenias en una sola semana desde el Nagorno Karabaj, ante el temor de una limpieza étnica. Según ACNUR, la mitad era población infantil (31%) y personas mayores (18%).


A este contexto era al que unos meses más tarde llegaba nuestro trío de payasos;  con el único fin de llenar de juego, alegría y optimismo los corazones de todas las personas que sufrían esta crisis humanitaria, tanto las refugiadas, como las que les recibían; y por supuesto, todas aquellas que vivían a diario en una tensa calma que cada cierto tiempo le costaba la vida a alguien.

Aunque nuestro público objetivo central eran las personas refugiadas del Karabaj, actuamos también para personas provenientes de otros lugares en conflicto como Irak, Siria o Ucrania.

Nuestra llegada se vivía con mucha expectación. En algunos lugares, habían montado una fiesta para recibirnos e incluso habían pintado grandes carteles para darnos la bienvenida.


Muchas veces, cuando llegábamos al lugar de la actuación, el público ya estaba esperando en sus “butacas”; así que nuestro espectáculo comenzaba con la entrada de los payasos portando todo el material necesario para la actuación, incluído el altavoz. Tanto el montaje, como el desmontaje, formaba parte del show.

Durante una hora, el público se sumergía en el mundo mágico y surrealista de los payasos. Aunque apenas chapurreábamos cinco o seis palabras en armenio, la sensación era que todos hablábamos una lengua común, el idioma universal de la risa. Hasta tal punto era así, que, al terminar el espectáculo, los más pequeños se nos acercaban exultantes diciéndonos cosas que nos habría gustado escribir si las hubiéramos entendido.
Fueron muchas las vivencias en cada etapa de la gira, muchos ejemplos de resiliencia. Vamos a mencionar algunos:

Tech es un pueblo situado a apenas 200 metros de la frontera con Azervayán, desde el último conflicto de Artsaj (Nagorno-Karabaj) en septiembre de 2023. Un pueblo en el que todas las familias han perdió a alguien por culpa de la guerra; un pueblo que se encuentra amenazado por una nueva escalada del conflicto; y que, sin embargo, lejos de despoblarse, sus gentes siguen construyendo casas y han acogido en los últimos tiempos a veinte nuevas familias.

Otro ejemplo es el de Melanie, una mujer con varios familiares con discapacidad que decidió fundar un centro para personas con discapacidad en Vardenis, muy cerca también del Nagorno-Karabaj. Desde su centro, trabaja para construir comunidad entre las personas con discapacidad y sus familiares; y que ahora también ha dado acogida amás de doscientas familias refugiadas que llegaron con el último conflicto: Unas mil personas. Ella nos comentó: “Van a tardar mucho en olvidarse de los payasos, de sus ropas y del rato que han compartido cada uno. El sentimiento de comunidad que generáis es muy importante”. 

Y para ampliar el rango de edades, mencionaremos también a Tigrán. Un joven de 23 años, refugiado del Nagorno-Karabaj, que nos encontramos en un campamento de verano en Yegheghnadzor, provincia de Vayots Dzor. Él ha estudiado ciencias políticas con la ayuda de un programa para refugiados, y ahora lo quiere devolver yéndose a ejercer como profesor de historia a algún centro en la región fronteriza de Syunik, donde habita una gran cantidad de población refugiada.

Podríamos escribir tantos párrafos como personas con las que hablamos en cada lugar que visitamos. Fueron veinte las actuaciones que hicimos de la mano de ACNUR y 3.366 personas las que se toparon con nuestra pequeña caravana de risas. Junto con nuestro infatigable chofer, Arman, nos movimos por todos los territorios fronterizos de Armenia, llegando a las provincias de Ararat, Armavir, Geghrakunik, Kotayk, Tavush, Dilijan, Lori, Syunik, Vayots Dzor, para terminar nuestras últimas actuaciones ya en Yereván.
Del mismo modo que allí se quedaron con el recuerdo de nuestro paso, nosotros también nos volvimos con un pedacito de este pequeño país rodeado de vecindades poderosas que han ido tiñendo su historia de innumerables guerras, invasiones y hasta intentos de genocidio. Sin embargo, es un país que alberga gentes tranquilas y amables, con ganas de construir su propio futuro, y eso sí; orgullosas de su producto nacional, el albaricoque.
 Cerramos el post con esta pequeña anécdota: Un niño dijo a su madre después de nuestar actuación en Armavir: “Mamá, ¿ves?, Santa no es real, pero los payasos sí”.
Gracias a Payasos Sin Fronteras por haberlo hecho posible.

Nacho Morán Seijas


Entérate más sobre la labor de Acnur y la situación de Armenia en:  https://www.unhcr.org/am/en/humanitarian-response

martes, 9 de julio de 2024

Mi primera expedición

El mundo es inmenso; y, aunque la mayoría de nosotros localizamos muchas partes, tenemos que reconocer que no pensamos diariamente en casi ninguna. Son las noticias, las que nos sitúan en millones de sitios y hacen que broten millones de sentimientos de solidaridad hacia esas partes del mundo que peor lo pasan.

Todos alguna vez hemos oído hablar de Armenia, aunque muchos tengan que buscar exactamente su situación. Casi todo el mundo conoce sus largas guerras y la pérdida de Nagorno Karabaj. Pero indudablemente, aunque el mundo empatiza y sufre por los demás, es muy complicado poder hacer algo más; nuestros días caminan con nuestra guerra personal y el desconocimiento de ignorancia hacia todo lo demás.

Pero para mí, una simple mortal, todo esto va a cambiar. De repente, mi corazón empieza a latir con toda la fuerza del mundo. ¡Voy a ir de expedición, no me lo puedo creer! Mi maquinaria comienza a funcionar, la emoción, la razón se vuelven locas, situando dónde van a llevarme mis pasos. Pues mis pasos, junto a los de mis compañeros, caminarán hacia Armenia. 

Millones de sentimientos afloran por todos los sitios, reconozco la importancia de una sonrisa y más aún, del que no la recibe cada día. Así que solo pienso cómo poder llevar esa sonrisa por toda Armenia. Solo quiero esa mueca, que es más poderosa que cualquier fuerza del mundo. Aunque nerviosa, porque no sé qué es lo que me voy a encontrar, ofrece mucha tranquilidad mis dos compañeros Nacho y Pepo, los cuales tienen experiencia más que de sobra.

Comienza la aventura; ya no es un sueño, es una realidad porque tiene día y hora. Allí en Armenia, nos encontramos mis dos compañeros y yo, dispuestos a hacer el mejor espectáculo; en busca de esa mueca tan deseada que es “su sonrisa”, la esperanza del brillo de sus ojos, el deseo de un gran abrazo al final que nunca quieres que termine, y de un momento que quieres inmortalizar para no olvidar. 

Cada día, estaba envuelto en una emoción, en un brillo de ojos, en una sonrisa, en unas manos; la expectación del lugar y la adrenalina recorriendo mi cuerpo, se mezclaba. El deseo era mutuo y mi payasa caminaba día a día en el deseo de jugar, jugar con ellos, arrancar el esbozo de esa sonrisa de una manera natural. 

Mi Payasa se va haciendo grande día a día según va pasando por lugares; el calor, el cariño y el deseo de un pequeño paréntesis en su gran realidad me hacen grande. Palabras que llevaré en el corazón para toda la vida: “eres el sol de Armenia en los días de lluvia”, o su gran generosidad al compartir todo aquello que tienen.

Al principio, a mí personalmente, me cuesta recibir del que poco tiene; pues me lleva a pensar que me quedo con lo que no es mío y lo que en otro momento necesitarán. Pero está claro que la vida te enseña cada día una lección más, entre otras cuantas, la de recibir con el corazón abierto y disfrutar del momento que se tiene, simplemente por el placer de compartir. 

Gracias, muchísimas gracias, por todos esos lugares en los que nos recibisteis expectantes, por todos esos lugares en los que nos esperabais, con todo. Un pequeño Kit-kat en vuestra vida, un momento fresco en el cual, la vida te regala una sonrisa, algo que todos damos por sentado y que parece que no es un regalo. Pero efectivamente, no solamente ha sido un kit-kat para vosotros, también lo ha sido para mí. Un recuerdo que tampoco olvidaré.

Escuché en numerosas ocasiones, mientras me hacía fotos con todas aquellas niñas y niños, que durante mucho tiempo sería parte de su recuerdo. Estoy segura que será así; tanto mis compañeros como yo, formamos parte de un bonito recuerdo que no solo vivirá en ellos, también vivirá en mí. La vida es una suma de momentos que nos hacen lo que somos; y yo, hoy por hoy y para siempre, soy un poco de Armenia.

Caminar durante esos 15 días con vosotros, abrir los ojos expectantes al mundo que me recibía, ver lugares diferentes a los que yo estoy acostumbrada. Un lugar donde nuestras preocupaciones cambian y todo se mira de otra forma. 

Un país increíble Armenia, donde nos pueden dar a todos una lección de humildad. Un pueblo castigado durante muchísimo tiempo y siempre teniendo que protegerse de los demás. Y cuando llegas, lo que ves es gente sencilla, tranquila y de lo más pacífica. Un pueblo precioso, y no solo por su paisaje, que es increíble con sus montañas. La grandeza de Armenia la tiene su pueblo. ¡Los Armenios!

Espero haber dejado suficiente buen recuerdo, la mejor de las sonrisas, y la mayor carcajada, para todo lo que me llevo.

Por último, quiero agradecer en este camino a mis compañeros Nacho y Pepo por darme la oportunidad de caminar a su lado y poder disfrutar de una experiencia semejante; a Lena (y a toda la oficina), que siempre estuvo pendiente de nosotros; y como no, a Arman nuestro chofer, el mejor del mundo, el cual nos ha llevado a cada lugar; el equipo no era de tres, era de cuatro. Para finalizar, quiero agradecer a Anahit y a todo el valioso equipo que tiene, por la gran labor que hacen día a día. Gracias a ellos, hemos podido construir un recuerdo precioso que siempre nos esbozará a todos una gran sonrisa. 

No es un adiós, es un hasta pronto.

Un saludo

Angélica Veintimilla






Durante la gira, se realizaron 20 espectáculos para 3366 personas y fue posible gracias a la coordinación con ACNUR Armenia y al apoyo del Ayuntamiento de Barcelona.



Participaron en esta gira los artistas voluntarios Ignacio "Nacho" Morán, José Luis "Pepo" Rueda y Angélica Veintimilla.


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