jueves, 14 de febrero de 2019

PSF con la comunidad Wayú

12 febrero

Hoy estuvimos en un cole por la mañana en Riohacha, otro cole en Maicao y una última función en un cole de la comunidad Wayú. Esta comunidad son indígenas de la península de la Guajira, donde estamos ahora, que viven en tierra colombiana y venezolana sin que el pueblo tenga fronteras entre los dos países. Se sienten y son nación, aunque no reconocida por el gobierno claro está.

Para ir al tercer show, de hecho, tuvimos que entrar en lo que le podríamos llamar "reserva". Hemos visto que Maicao está muy lleno de basura por todas partes, casi podríamos decir que los plásticos y residuos forman parte de su paisaje por desgracia, pero según te metes desierto adentro acercándote a donde viven lxs wayús es increíble ver que no hay casi nada de basura.

Fueron tres funciones intensas, cada una con su peculiaridad. La primera llena de una energía muy amorosa y afectiva por parte de niñxs y madres, la segunda llena de excitación de centenares de niñxs súper contentxs de vernos y con muchas ganas de jugar y formar parte; y la tercera llena alegría mezclada con curiosidad y timidez. Todas y cada una de ellas fue hermosa y volvimos del viaje recordando momentazos durante el show que nos siguen alimentando el corazonzote. 

Maite Guevara


Bienvenidos en idioma wayú



Aquí el agua escasea mucho. Por eso la dan en bolsas de plástico. No venden botellines en ningún lado excepto en restaurantes.



Para situaros: Rioacha i Maicao están en la península de la Guajira muy cerca de la frontera con Venezuela. 













14 de febrero

Ayer estuvimos en Cabo de la Vela. Allí hay una reserva Wayú. Hace años en negociaciones con una multinacional el gobierno accedió a desviar el río que había y provocó que toda la zona se secase. Hoy por hoy la zona es desértica y el mayor problema de los Wayú es que no tienen agua. Alimentan los animales que tienen (cabras, vacas y gallinas) con el agua de los cactus. 

ACNUR está hoy día realizando un sondeo para ver las necesidades y como poder organizar el trabajo con ellos. Por ejemplo muchxs de ellxs y la mayoría de lxs niñxs wayú no tienen documentos (ya que ellxs no entienden la frontera entre colombia y venezuela como tal, muchxs serían de ambos países y tendrían que tener derecho a doble nacionalidad).

Una de las cosas que nos llamó mucho la atención cuando llegábamos en las camionetas era que lxs niñxs, hasta lxs más pequeños, en cuanto nos veían salían al costado del camino con la mano extendida para pedir. Esto nos cuentan que es por la costumbre del turismo que va apareciendo. Daba mucha cosa.

Trabajamos en varias comunidades. En la primera eran más hermeticos entre timidez y reserva. Tanto adultxs como niñxs. Y en la segunda, por ejemplo, eran mucho más abiertos a nuestra presencia y estaban super dispuestxs al juego. Aplaudían mucho y con los malabares por ejemplo se morían de risa lo cual nos sorprendía mucho.

Fueron lindos encuentros, sentimos dificultad por momentos en conectar bien con ellxs pero hubo la posibilidad siempre a través de lxs niñxs y lxs payasxs para ablandar barreras culturales. Hoy vamos a un asentamiento con población desplazada, refugiadxs venezolanxs, población retornada colombiana y población wayú retornada. Llevamos un ritmo muy frenético, pero hay que seguir. ¡Gracias por leernos!

Maite Guevara








Este proyecto cuenta con el apoyo del Ajuntament de Barcelona. 

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Gracias por leer nuestras aventuras en Colombia.

Ayúdanos a seguir compartiendo sonrisas en éste y otros muchos países.


Atentamente,

Patri, Maite, Toño, Javi y Jennifer.

martes, 12 de febrero de 2019

Primera semana en Colombia

En esa caravana hacia Colombia colabora con Payasos Sin Fronteras el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), organismo que desde 1997 trabaja en el país para apoyar a las personas con necesidad de protección internacional, desplazadas o en riesgo de desplazamiento y también para prevenir y proteger a la apatridia en el país.

En la primera parte del viaje, actuamos en la región Norte de Santander, en las ciudades urbanas de Cúcuta Villa del Rosario, territorios fronterizos con Venezuela. Nuestro enfoque fue principalmente la población refugiada venezolana, ya que actualmente Colombia recibe cerca de 100.000 personas desplazadas por mes y un 60% de ellas ingresa por esa zona, sea por pasos formales o informales. 

Las estadísticas oficiales contabilizan un ingreso de 3.500 personas venezolanas al día, aunque los números deben de ser mucho mayores. La mayor parte se trata de migración pendular, es decir, personas que viven en Venezuela, pero trabajan en Colombia y que se desplazan diariamente debido a la grande desvalorización de la moneda nacional, el bolívar. Para que nos hagamos una idea, debido a la inflación, con todo un sueldo, el poder de compra de un venezolano o venezolana equivalente a tres quilos de pollo. 

También hay tránsito de muchos colombianos y colombianas que se fueron a vivir en Venezuela durante la guerra armada en Colombia y ahora, debido a la crisis en el país vecino, están regresando a su tierra.

Durante esa primera parte de nuestra caravana, hemos realizado 9 espectáculos. Hubo días que hicimos dos por la mañana y/o por la tarde! Ha sido súper intenso… Hemos actuado en diferentes sitios: una cancha de fútbol cerca del Puente Internacional, dónde migrantes de Venezuela ingresan en Colombia y hacen cola para el comedor, el Consejo Noruego para Refugiados, que acoge a los niños y niñas mientras sus responsables hacen trámites en otras organizaciones humanitarias como Cruz Roja o UNICEF. También fuimos a Valles de Jerusalén, un barrio formado predominantemente por mujeres y actuamos en centros comunitarios de asentamientos humanos informales, que son territorios no reconocidos legalmente por los gobiernos y que por lo tanto disponen de una infraestructura muy precaria de saneamiento básico y equipamientos como escuelas y centros de salud. Además, hicimos bolos en un Centro de Salud del Barrio Camilo Daza y en un Punto de Orientación Fundación Venezolanos en Cúcuta, sitio que ofrece desayuno y orientación a las personas que pretenden establecerse en Colombia o a las que caminan por todo el territorio del país hacia la frontera sur con Ecuador, con la finalidad de facilitar su integración. Hemos realizado también espectáculos en un centro para niños y niñas que pasaron por situaciones muy duras en sus vidas, y que por esa razón tienen la violencia integrada en sus modos de relacionarse. 


Colombia se asemeja a la realidad de Brasil en muchos aspectos… He reconocido situaciones muy próximas de las que encontramos allá y en otros países de Latinoamérica. Un lugar con muchas riquezas culturales y naturales, clima tropical y una gente cordial, cálida, alegre y muy agradecida. Desafortunadamente, la desigualdad socioeconómica hace que la belleza y la extrema pobreza se contrasten y convivan. Las injusticias sociales aquí son tan normalizadas que casi ya no sorprende. En las calles y espacios públicos, además de la ostentación de fuerza militar, hay perros, vendedores ambulantes, mendigos y artistas callejeros en los semáforos: músicos, malabaristas y payasos. Hemos visitado espacios de mucha precariedad, pero también hay en las ciudades sitios de lujo y riqueza, en que casi se puede olvidar que se está en un país con tantos problemas estructurales. 

En una de las actuaciones que hicimos en el según día de la caravana, al bajarnos de la furgoneta, una mujer en situación de calle nos hizo un rap, hablando de las dificultades sociales de su entorno. Ella quería asistir a nuestro espectáculo, pero no sabíamos si la dejarían entrar en el Centro de Migraciones. Durante la presentación, la vi en la platea, en medio a miradas atentas de los niños, y como se reía, con brillo en los ojos! Al final, nos agradeció mucho. En esa misma actuación, después terminar de recoger todo, una niña me dio la mano y vino acompañándome de vuelta hacia la furgoneta. Al llegar ahí, me dio un abrazo muy gordo y lleno de cariño. Cuando nos soltamos ella volvió a abrazarme, muy tierna. Patri se acercó y comentó que nosotras éramos muy parecidas y dijo que la niña también tenía que ser una artista… le preguntó cual era su habilidad: bailar, cantar, leer. La niña le contestó, muy vergonzosa: “yo no sé leer, pero bailar sí…”. A lo que Patri le dijo: "no sabes todavía, ¡pero sabrás!" Nosotros ya estábamos listos para irnos, entonces con la niña nos dimos un tercer y último duradero abrazo. Yo veía que la pequeña no se quería ir, entonces le dije: “hoy cuando llegues a casa, podrás compartir las cosas lindas que has visto y vivido, ¿verdad? Cuéntales a los tuyos lo que más te ha gustado!”. Ella se apartó, me miró en los ojos, sonrió. Finalmente nos cumplimentamos con las manos en un saludo del gueto y nos despedimos. Desde la ventanita trasera de la furgoneta la acompañé con la mirada hasta donde alcancé con los ojitos mareados…




Último espectáculo del primer día con todo el equipo:





En el cuarto día de la caravana, nos trasladamos hacia regiones más agrícolas, en la zona cordillerana, que tiene una rica biodiversidad y también de suelos. Son territorios en los que aún hay focos de violencia postconflicto. Estuvimos en sitios considerados de alto riesgo, como Arauca, Arauquita y Saravena, que siguen siendo peligrosos después de los tratados de paz en Colombia. El fracaso de los acuerdos para reinserción en la vida civil de excombatientes paramilitares favoreció la formación de grupos armados disidentes y la explotación petrolera en esas zonas contribuye para la presencia del narcotráfico con asociaciones internacionales.

La presencia de los grupos armados ilegales, legados de la guerra, son actualmente la principal amenaza a la paz, una vez que ellos ejercen fuerte influencia en las comunidades y ganaron confianza de los civiles principalmente debido a la ineficiencia del estado colombiano para solucionar problemas sociales y económicos del país y también a los muchos casos de falsos positivos durante el conflicto bélico. La población local sufre con la imposición de reglas de convivencia y extorsión a ciudadanos y comerciantes a cambio de la oferta de seguridad por parte de los bandos que controlan el territorio y las rutas de salida de la droga. Además, todavía al día de hoy se han registrado accidentes por minas antipersona, municiones sin explosionar y artefactos explosivos improvisados.

Para esa segunda etapa de la caravana, hicimos unos cambios en el espectáculo. Sustituimos el número que presentaba yo, de un baile con claqué y trucos en el vestuario por otro de ilusionismo, a partir de retornos de nuestras colaboradoras de ACNUR de que el anterior no era muy adecuado para aquel publico, debido a que hacia gracia con el desvestirse y hay muchas situaciones de violencias sexuales en tales contextos. Fue con ese número que yo había ganado de los niños y niñas un nuevo nombre de payasa: “Sifrina”, jerga venezolana que en castellano significa “pija” y en portugués “patricinha”. En el número de magia había además interacción con el público, que fue otra demanda de nuestra contraparte…

Nuestras actuaciones en esa segunda parte de la caravana fueron todas en los Asentamientos Humanos Informales (AHI), uno de ellos llamado Bello Horizonte (¡como mi ciudad natal!). En las carreteras había control militar, check points, pues son zonas que están bajo control de grupos armados. En esas áreas, ACNUR trabaja con 1.116 familias para apoyarlas en la regularización y obtención de escrituras de sus casas. La región se ubica en la orilla del Río Arauca, que hace frontera con Venezuela, en el cual hay muchos pasos informales por medio de canoas. A diferencia del noroeste de Santander, aquí en las comunidades hay mucha xenofobia porque el gobierno local adoptó políticas que no favorecen la integración entre la población colombiana y venezolana. Tuvimos un pequeño contratiempo con una de las payasas de nuestro equipo, Maite Guevara, que se enfermó de una gastroenteritis y no pudo hacer los últimos dos bolos. Nos impresionó mucho que en esa parte de Colombia casi que la mitad de la población se desplaza en moto… incluso niños y perros. ¡Van en cuatro o cinco en una misma moto y no llevan casco! 

La región también tiene población indígena, que vive aislada… 

Nos contaron en el briefing (reunión que hacemos al inicio de la expedición) y también nuestros acompañantes de ACNUR que aquí la violencia es más visible, con desapariciones y muertes.  La economía es básicamente rural, del cultivo de cacao, cítricos, coco, caña y coca. Y también la explotación de las reservas de petróleo, principal motivo de la violencia en la región. En un muro de las casas hay un graffiti en que se lee: “que la sed del petróleo no nos deje sin agua”

Los niños y niñas para los que actuamos en Arauca, Arauquita y Saravena casi que no tienen aceso a actividades de ocio y diversión, muchos han visto por primera vez payasos y payasas y la intriga que tenían era muy bonita. 

Nuestro conductor se emocionó cuando una niña entró en escena para pedir a Tripa (Patricia) un abrazo… y nos emocionamos todos en la despedida, cuando un niño vino corriendo detrás de nuestro coche a entregarnos esa notita:


El viaje sigue los próximos días por Riohacha, Maicao, Cabo de la Vela, Uribía y Maimajasay! ¡Maite está mejor y tenemos otra vez el equipo completo! ¡Ansiosos por nuestras próximas presentaciones y lindos encuentros, compartiendo sonrisas!

Jennifer Jacomini (Payasa Juliette Brioche o Sifrina)


Este proyecto cuenta con el apoyo del Ajuntament de Barcelona. 

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Atentamente,

Patri, Maite, Toño, Javi y Jennifer.

lunes, 11 de febrero de 2019

En Burkina no paramos

En el Centro de Recuperación Nutricional (CREN) del hospital Souro Sanou de Bobo Dioulasso no paramos. Por las mañanas seguimos trabajando con los niños y niñas aquejadas de malnutrición y por las tardes haciendo crecer la semilla que Celia y Anna plantaron en diciembre. Es un placer ver como las mamayasas van creciendo poco a poco, y van tomando propiedad y espacio de su labor.





Este proyecto cuenta con el apoyo del Ajuntament de Barcelona. 


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Atentamente,

Davo y Lucie.

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